
¡El amor ha muerto, yo lo enterré!
y con él: la emoción encendida de mis labios,
la imagen de una tarde que no volveré a ver,
los ojos de una niña, la dulzura de su canto,
¡todo eso y el amor, yo enterré!
¡El amor está muerto, tan muerto como yo!
y con él: mis ojos embriagados del néctar de su voz,
la sombra de los brazos en que tantos días me apoyé,
los labios de una niña, que eran mi alba y a la vez atardecer;
¡Ay amor... con todo esto te enterré!
¡El amor ha muerto, yo le he visto perecer!,
ha agonizado entre mis manos, y por él lloré,
lloré porque moría un beso sin nacer,
y porque triste y derrotado moría yo también;
¡Ay amor...!, ¿me enterraste o te enterré?
(LUIGUI)



